CÓMO estar al día de los próximos cómos

CÓMO para nosotras
CÓMO perder la vergüenza

Puestos a hablar de emociones que nos perturban, el miedo, la rabia, el asco o la tristeza se llevan la fama. En cambio la vergüenza apenas se nombra así, a la primera. Sin embargo, la vergüenza es tóxica como la que más, es una fuente de abrumador sufrimiento y nos impide relacionarnos con fluidez y seguridad. El cuerpo nos delata aunque intentemos disimular y hasta el menos observador puede desenmascararnos. Nos vence la timidez cuando toca exponerse. ¿A qué? A la más mínima posibilidad de hacer el ridículo. ¿Ante quién? Pues de eso va esta charla, porque resulta que admiramos a aquellas personas que sin ser sinvergüenzas, han trascendido sus turbaciones y se atreven a exponerse con total naturalidad. Y abierta o secretamente querríamos emularles. Pero no sabemos cómo empezar. Veremos qué hay de tóxico en esta vil emoción y en qué tierna época empezamos a convencernos de que era mejor ser invisible antes que correr el riesgo de que los demás se burlen de uno.