CÓMO estar al día de los próximos cómos

CÓMO crecer en la adversidad

Jorge Corella / 180 asistentes
Jorge Corella

 

“Solo crecemos cuando tenemos algo que superar”

 

Contenido de la charla

La rosa “Red Naomí” es de un color rojo oscuro intenso. Tiene bastantes más pétalos que una rosa normal por lo que su aspecto es de una flor apretada con un aroma muy sutil.
Ayer estuvo con nosotros Jorge Corella, para explicarnos el paralelismo que puede haber entre el cultivo de estas rosas y nuestro propio cultivo personal. El cultivo de nuestras emociones.
¿Cómo es la vida de la rosa, entonces? En este invernadero, en Soria, en un lugar de los más fríos de España, han descubierto cual es el ciclo perfecto para que la rosa nos dé lo mejor de su belleza y de su aroma. Todo su esplendor.
Lo primero, es que sobreviven gracias a que están todas ellas muy juntas. Las rosas, como las personas tienen sentimientos de pertenencia y de familia. De hecho crecen todas a la vez, y aunque parezcan iguales, todas tienen matices distintos. 
Crecen desarrollando espinas, lo que nos recuerda su espíritu silvestre, por mucho que las queramos domesticar. Esto nos lleva al paralelismo que podemos hacer con nuestra propia identidad. Nuestra autenticidad también tiene espinas. Por mucho que queramos agarrar lo mejor de nuestra vida, siempre tiene algo que pincha, que duele, y que forma parte de la experiencia para sentirnos vivos.
Cuando la rosa es joven y su tallo es como el del junco, flexible y lleno de savia, se les dobla casi hasta troncharla. Y ¿Para qué?  Es la manera de que la rosa crezca fuerte y segura. Igual que a los niños tenemos que ir domándolos, educándolos en la responsabilidad  y gestión de sus propias emociones. No todo crecimiento en la vida es gratuito. Crecer significa aprender. Y aprender significa doblar el tallo de vez en cuando, aunque duela.
Las rosas cerradas y apretadas son las jóvenes, luego empieza su época de madurez y de su esplendor, cuando sus pétalos empiezan a desplegarse y abrirse a la luz de la vida. Y finalmente, cuando envejecen es cuando dejan salir su maravilloso aroma. El paralelismo con las personas es precioso. Es en la vejez cuando nos llega el aroma de la experiencia de los mayores. La savia de la vida hecha relato.
Por la noche, cuando todo se oscurece, la rosa se siente triste. Necesita de la luz para salir a la vida y crecer. Sienten miedo, pero no se marchitan porque están junto a las demás rosas.
En este invernadero, han aprendido a mantener el ciclo de estrés que precisa la rosa para crecer. De hecho cuando se va la luz del día, encienden las luces durante tres horas, forzando hasta el punto justo en que la rosa puede dar aún más de sí. Es un juego de tira y afloja, que asegura el crecimiento perfecto.  
…Cuántas veces en la vida, no aprendemos a parar…. Tiramos y tiramos de la cuerda hasta que se rompe. Hay un punto justo de inflexión en el que debemos parar. Pero tampoco instalarnos en nuestra caja de confort, y relajarnos parando nuestro sano crecimiento.
La rosa nos habla de emoción. De todas las emociones sumadas en una flor. Y debemos tener cuidado con la contaminación externa. Preservarla, y cuidarla. Cultivar nuestras emociones y contagiarlas. Desechar lo malo, y promover lo bueno. 
Ese tira y afloja, que deja que aflore la belleza de lo auténtico.
 
 

FOTOS DE LA CHARLA: